DAMIÁN GIRONÉS
Por: Lucio Doncel
Nota del autor:
Hace años trabajé con Nora Gironés. Gracias a ella supe que su padre, Damián, había entrenado regularmente con cargas en la década de los 50. Me dejó fotos de él y, lo mejor, arregló una entrevista entre nosotros en la que charlamos largo y tendido. Gracias a ello puedo ofrecerles hoy este reportaje que hasta ahora no se había publicado.
Decir que el deporte ha cambiado mucho en España en los últimos cuarenta años es, cuanto menos, una afirmación un tanto vaga, imprecisa. Y no porque no sea cierta, que lo es, sino porque lo que en realidad ha cambiado radicalmente ha sido el país; ha sufrido una transformación que, afortunadamente en la mayoría de los casos, ha afectado a todo. Por supuesto, también al culturismo.
De todos modos, si pretendemos seguir siendo rigurosos, no estoy muy seguro de que asociar la palabra culturismo con Damián Gironés Ripio sea del todo correcto. Fundamentalmente, porque cuando este murciano afincado en Madrid se acercó por primera vez a las pesas, probablemente el término “culturismo” no tenía ni el significado ni el reconocimiento que hoy en día se le otorgan. Hablamos de 1954.- “Nací en Murcia, en 1937, ya que mis padres se habían trasladado allí a causa de la guerra civil. He residido en muchos sitios, pero en Madrid ha estado siempre mi domicilio habitual”.
Damián se inició con el deporte con la popular, en su época, “Gimnasia Sueca”. Hasta el popular recinto de “la Ferro”, en el madrileño barrio de Lavapiés, se iba para practicarla. A los 17 años ya era miembro del equipo de béisbol de otra sociedad deportiva histórica de la capital: la Real Sociedad Gimnástica Española. Entrenaban en los terrenos de lo que sería, muy poco después, el estadio de Vallehermoso.
- “Allí, a la sombra (era imposible hacerlo al sol) entrenaba media docena de jóvenes con unas pesas. Eran de ellos, las dejaban allí guardadas. A los del béisbol nos llamaban la atención sus músculos. Nos tenían impresionados con aquel desarrollo muscular que tenían”.
Solo él se atrevió a entrar en contacto con aquella gente. Empezó a entrenar con ellos, pero a escondidas de los entrenadores de béisbol, a quienes no les gustaba nada aquello de “las pesas”. Nada extraño en aquellos años.
En “Vallehermoso” entrenaban algunos días entre semana. Los domingos se iban a un cerro, en la Dehesa de la Villa, donde corrían, practicaban equilibrios y hacían cualquier cosa que se les ocurriese para mejorar su estado físico. De aquel grupo de “machacas”, Damián recuerda los nombres de Agustín, José Lafuente, Valentín…
Simultáneamente seguía jugando al béisbol. Del equipo de la “Gimnástica” pasó al del Real Madrid. Alcanzaron un buen nivel. Ganaban casi todo. Les llevaron a jugar a Barcelona. La culminación fue el título de campeones de España de categoría juvenil.
La estancia en Vallehermoso no se prolongó demasiado. De allí, el grupo se trasladó al “Cadalso”, otro centro madrileño emblemático en aquellos años, donde practicó también algo de boxeo. A esto último si se animaron algunos compañeros que jugaban con Damián en el equipo de béisbol. De ahí se marcharon a lo que sería su centro de reunión: “La huerta de Valentín”.
- “Valentín era uno de los miembros de nuestro grupo de “machacas”. Era socorrista en la piscina “Playa Victoria”, en el barrio de Tetuán. Recuerdo que vivía cerca del final de Bravo Murillo. Yo llegaba hasta la Plaza Castilla, cruzaba por detrás y ya estaba en casa de Valentín. Supongo que es la zona que llaman de “La Ventilla”. Bueno, pues en casa de Valentín había una especie de patio grande, una especie de huerta que era típica en las casas bajas de entonces. Allí llevamos todo el material que teníamos y entrenábamos todo el grupo. Iba, como mínimo, cuatro días por semana. Sábado y domingo eran seguros, luego también caía algún que otro día entre lunes y viernes”.
Por las fotos que me deja Damián, se puede ver que disponían de unas barras paralelas, muy altas, en las que hacían equilibrios y trabajaban los dorsales, y otras, más bajas, en las que además de los equilibrios hacían también fondos. Tenían unas “fonderas”, para ampliar el recorrido haciendo fondos en el suelo, amén de unas escaleras que aprovechaban para hacer más equilibrios (Damián aparece en una de las fotos bajándolas apoyado sobre las manos haciendo “el pino”). También tenían un banco, mancuernas, algunas barras hechas de fundición (pocas) y otras hechas con latas y cemento (muy típicas de entonces estas últimas).
En “La huerta de Valentín” se entrenaba bajo las directrices de Marcel Rouet y su “Fuerza, agilidad y belleza atlética” -“todos teníamos el libro”, apunta Damián-. Luego, se dejaban llevar por el que más sabía.
- “Nuestra principal fuente de información era Pablo Lafuente Payá, hermano de José. Era boxeador profesional. Su manager era el famoso “Pampito” Rodríguez. Creo que Pablo llegó a ser campeón de España, aunque no estoy muy seguro. Viajaba regularmente y estaba al tanto de todas las novedades que se producían. Él no entrenaba mucho con las pesas, no podía ganar peso para mantener la categoría pluma, pero nos surtía de mucha y muy buena información para aprovechábamos para preparar nuestras entrenamientos.
De todos modos, no teníamos un objetivo concreto, como ahora. Entrenábamos porque nos gustaba, sin más, sin idea de competir ni nada parecido. Simplemente para estar bien. Yo, por ejemplo, apenas entrenaba las piernas”.El grupo era de lo más variado. Entre ellos había un chico al que apodaban “El burro filósofo”. Este no se conformaba con entrenar. Les leía alguna noticia del periódico y les hacía hablar sobre ella. Como una especie de tertulia entre serie y serie. También estaba Eliseo, “El sabio”, considerado el segundo en conocimientos tras “El burro filósofo”. Otro miembro de la cuadrilla era Vicente: sastre de profesión, les hacía ropa especial para que parecieran más fuertes. Luis, pastelero por la noche y que aprovechaba el día para entrenar…
- “El grupo de “La huerta…” éramos algo así como una isla. No conocíamos a nadie que hiciese lo que nosotros, ni sabíamos de la existencia de otros grupos similares al nuestro. Tampoco teníamos nociones de nutrición, por supuesto. Había una serie de alimentos-complementos que para nosotros resultaban básicos: la levadura de cerveza, el germen de trigo, el polen de abeja, la miel y la leche en polvo. También le dábamos mucha importancia a los huevos. Pero nada más allá de todo esto”.
En un buen número de fotos aparecen José Lafuente y Damián Gironés practicando equilibrios. José es el portor y Damián el ágil. Estaban preparando un número para una discoteca de un amigo, pero nunca lo llegaron a hacer en público.
Al marchar al servicio militar, sobre 1958, dejó el entrenamiento. A la vuelta siguió con sus estudios de Bellas Artes (es escultor) y se centró en ellos. Después, el trabajo le llevó a diferentes lugares hasta que, finalmente, se estableció en Madrid. Abandonó la práctica deportiva por completo y, aunque recuerda aquella época como algo muy bonito, nunca sintió la tentación de volver a entrenar con regularidad.
- “Para entonces ya tenía 25 años. Seguí en contacto con Pablo y José Lafuente mucho tiempo. Este último se marchó a Suiza y siguió ligado al deporte. Nos vimos hace unos años y aún seguía haciendo algo de ciclismo”.
A los seguidores del culturismo actual les debe resultar familiar el apellido Gironés, pues no en vano una de nuestras mejores campeonas lo lleva: Nora Gironés, hija de Damián. Estos recuerdos deportivos de Damián Gironés se reavivaron cuando Nora empezó a competir. Hasta entonces no le había contado nada a su hija.
- “He ido a ver las competiciones de Nora, pero hasta entonces no recordaba haber visto alguna, quizá por televisión. Me gusta, pero es un deporte que considero que debe practicarse para sentirse bien, no para dedicarse a él a fondo. Y es que hay algo que no acierto a comprender: el sacrificio tan alto que la competición exige, tanto o más que en cualquier deporte auténticamente profesional, y la poca recompensa que puede esperarse. Solo la que se pueda percibir a nivel personal”.
Damián Gironés no se considera un pionero del culturismo español, pero es evidente que entrenó con cargas, hace muchos años, con el objetivo de mejorar su físico. Ayudó a abrir el camino que otros hemos seguido después. Solamente por ello, ya merece este modesto homenaje.
diciembre 2010