ALEX ROS DEL BLANCO

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Por: Lucio Doncel

            “La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida”. Así cantaba (quiero creer que aún lo hace) Rubén Blades en una de las últimas estrofas de su mundialmente famoso “Pedro Navaja”. Ponía rima a una situación en la que todos, alguna vez, nos hemos visto inmersos, una situación en la que, por lo inesperado de la misma, no sabemos qué hacer ni qué decir.
Así nos quedamos el protagonista de esta historia y yo en noviembre de 2010, cuando nos conocimos personalmente. Me había desplazado a Bilbao para cumplir con unas citas sobre asesoramiento dietético y de entrenamiento, que por medio de la empresa para la que trabajo, tenía concertadas en la tienda “Olympus Sport Nutrición” de la capital vizcaína. El responsable de la tienda, Endika, me había dicho que la mayoría de las personas que estaban citadas llevaban poco tiempo en el gimnasio.

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            “El único que ha competido es Álex. Lleva muchos años entrenando y tiene mucha inquietud por saber. Será el único que te haga alguna pregunta que se salga de lo normal”.

            Con cierta incertidumbre, cuando llegó el tal Alex le pregunté unos cuantos datos. El primero, su nombre:

            “Me llamo Álex… bueno, Alejandro Ros…”

            “… ¡del Blanco!”, contesté, sin pensarlo, para sorpresa de mi interlocutor.

            “¿Me conoces?”, acertó a responder él.

            “Si eres el Alejandro Ros al que hicieron un reportaje en el número 3 de la revista “Fuerza y Vigor”, en 1977, recuerdo haberlo leído y me acuerdo de tu nombre, pero no te había visto en mi vida”.




Había comprado algún ejemplar de “Las Pesas” antes de que desapareciese, en septiembre de 1975, pero “Fuerza y Vigor” fue la primera revista que compré regularmente; se podría decir que con ella terminé de aficionarme al mundo de los hierros. Una de las secciones que seguía con interés, por aquello de que yo me sentía como tal, era “Culturista del mes”, una especie de concurso “para principiantes”, cuyos dos primeros contendientes habían sido nada menos que Steve Shabaneh y Alfonso Gómez. Álex era el tercer competidor. Por alguna razón que no acierto a explicar, su nombre se me quedó grabado.

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            “No recuerdo bien porqué me hicieron aquellas fotos. Debió ser porque estaba en Madrid, haciendo la “mili” y porque, previamente, había participado en un campeonato de España que se había celebrado allí.

            Tengo que decir que el asunto de las fechas es un problema para Álex. Es un auténtico desastre para recordarlas. Ese campeonato de España al que se refiere no era otro que el de 1975, en el que Salvador Ruiz se hizo por primera vez con el título absoluto y en el que Francisco del Yerro empezó a confirmar lo que ya venía apuntando de años atrás. En el citado número de “Fuerza y Vigor” nos daban más datos sobre nuestro protagonista:

            “En este concurso participa todo aficionado que lo desee. No existen privilegios ni predilecciones. Debió intuir esto nuestro culturista de este mes, que, ni corto ni perezoso, me dio lo que los castizos llaman un “telefonazo”, y me dijo que deseaba presentarse en esta sección. Todo lo demás fue seguir la lógica mecánica que llevamos siempre: citamos a nuestro culturista en el gimnasio Muvia, le sacamos unas fotos y le preguntamos unas cuantas cosas, para hacernos una idea, y que también se la hagan los lectores, de cómo es nuestro culturista del mes.

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            Alejandro Ros del Blanco, que así se llama nuestro invitado de hoy, es natural de Bilbao, entrena en el gimnasio Ali-Kate y confiesa que “esto” de las pesas le ha dado con fuerza desde hace unos dos años. Tiene veintiún años, y a punto de finalizar su servicio militar, cuando se realizó este reportaje, se acababa de inscribir en nuestro concurso Fuerza y Vigor, confesándome que le ilusionaba, y mucho, dicho concurso, por la calidad de los participantes que habían prometido su asistencia.
            Sus primeros pasos en el ambiente de las pesas los dio en el Club Gimnástico de Bilbao. Tenía entonces quince años. Encuentra el entrenamiento esencial para desarrollar de forma armónica el cuerpo, y vital, incluso, para cualquier actividad en la vida, así como complemento indispensable para otros deportes, aunque me confesaba que eso no le importa, porque lo que le ocurre es que se ha enviciado con el culturismo, y no puede pasar sin entrenar.
            - No he tenido muchas oportunidades en cuanto a concursar. Me presenté en el Campeonato de España de hace dos años, y luego quedé en segundo lugar en el campeonato que se celebró en Bilbao y que se llamó “Mister Jamaica”.

            La crónica del “I Trofeo Fuerza y Vigor” aparecía en la misma revista de la que hemos tomado esta nota. Efectivamente, Álex participó en él. Quedó quinto en la talla baja senior, tras Pablo Martín Recio, Francisco Ruiz Ontañón, Mariano Domínguez y el vallisoletano Fernando Martín.
Sobre la otra competición, el “Mister Jamaica”, nos aclara que se trató de una competición local que se celebró en una discoteca que se llamaba así. De ahí el nombre tan rimbombante del evento.
Alejandro Ros del Blanco nació en Baracaldo (Vizcaya), el 16 de marzo de 1956. Como suele ocurrir en la mayoría de los casos, su primer deporte no fue el culturismo. Al igual que otros muchos, su primer deporte fue el fútbol.

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            “Jugaba de portero en el Bosco, de Deusto. Era bajito, pero se me daba bien. De ahí pasé al equipo de los Salesianos. Yo era el único que no estaba interno. Llegamos a participar en un Campeonato de España juvenil. Había interés en mí. Vino hasta un entrenador de fuerza para ver si me hacía crecer. Pero nada.
            A los 14 años me inscribí en un curso de gimnasia, por correspondencia (el del “Instituto Inter” que dirigía Jean Christian Rodrigo). El curso estaba bien, utilizaba tensores y unos tubos que rellenaba con arena para que pesaran más. Hacía los ejercicios por las mañanas, en casa, pero hacía ruido, molestaba y se enfadaban conmigo.
            Un año más tarde me apunté al “Club Gimnástico de Bilbao”, de Vicente Antuñano. Allí conocí a mi amigo Lauri Bengoa. Fuimos progresando y, años más tarde, ambos nos fuimos al Campeonato de España de 1975”.

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            Se presentaron allí sin ayuda de nadie. Ni siquiera sabían hacer las poses. Álex miraba de refilón a sus compañeros de categoría e imitaba lo que hacían.

            “El gimnasio “Muvia”, donde se hacía el concurso a puerta cerrada, me dejó alucinado. No imaginaba que pudiese existir algo igual. Cuando me tocaba salir a mi, todo era silencio. En cambio, cuando salía Salvador Ruiz la gente no paraba de aplaudir. Ilusión tenía mucha, pero el desconocimiento corría parejo. De dieta no sabía nada. ¡Si no comía para no engordar! Lo único que tomaba, cuando tenía dinero, era un suplemento que vendían en las farmacias: “Gevral Proteína”.

            Ya por entonces se aficionó a dar paseos por el monte, en solitario. Le gustaba pasear. Además, era una buena forma para ahorrar y poderse pagar el gimnasio.
Tras el campeonato de España se cambiaron, Lauri y él, al “Ali-Kate”, sito en la calle Monte Izaro, 11, de Bilbao. Allí entrenaba cuando fue destinado a Madrid para hacer el servicio militar.

            “La verdad es que ni me acuerdo que hice para que me sacaran aquellas fotos. En Madrid me busqué un gimnasio. Entrenaba en uno de boxeo, creo que estaba por la zona de Lavapiés (probablemente se trate del gimnasio de “La Ferroviaria”). Supongo que alguien me habló del concurso, o lo vi en la revista, y me apunté”.

            Las experiencias competitivas no acabaron de dejarle satisfecho; no era lo que buscaba. Pero el deporte… El culturismo le enganchó para siempre. Ha jugado pelota-mano, pala, ha hecho paracaidismo deportivo, boxeo, puenting, últimamente surf; ha sido incluso recortador de vaquillas y “medio torero”, pero el culturismo nunca ha dejado de correr por sus venas. Ha tenido momentos difíciles en su vida, pero incluso durante ellos se ha esforzado por no dejar de entrenar, aunque haya sido haciendo fondos y otro tipo de ejercicios a manos libres. Es tanta su afición y su amor hacia su deporte, que en los últimos años ha participado en algunas competiciones en Euskadi.

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“Apoyo el culturismo natural, como forma de vida, al 100%. Sentirse bien es algo que no tiene precio. Lo que no me gusta es que creo que el mundo de los gimnasios se ha desvirtuado un poco en los últimos tiempos. Todo el mundo quiere mejorar rápidamente y, la verdad, es que eso no puede ser así. Hay que tomarse tiempo para progresar. Me gustaría que hubiese competiciones naturales en Euskadi, pero también soy consciente de que a la gente disfruta con el espectáculo”
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            Le gusta el deporte, sentirse activo, joven. Todavía se entrena en el gimnasio, cuatro veces por semana, con la ilusión de mejorar. Y, cuando la climatología es la apropiada, tampoco duda en ponerse al volante de su furgoneta para ir en busca de las mejores olas que un surfero, como él, puede soñar.
En sus inicios tuvo dificultades para practicar culturismo, pero en la actualidad cuenta con el apoyo de su mujer y su hija, de la que está muy orgulloso, y también con el de todos sus amigos, tanto del surf como del gimnasio. Su objetivo no es otro que disfrutar de la vida y de su familia. Y, muy especialmente, de su nieta Udalatx.

  

 

 


Mayo 2011

 

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